La heroína es una droga con gran potencial adictivo cuyo abuso tiene repercusiones que van mucho más allá del usuario individual. Las consecuencias médicas y sociales del abuso de drogas –el VIH/SIDA, la tuberculosis, los efectos sobre el feto, el crimen, la violencia y los problemas en el entorno familiar, laboral y educacional.
La heroína generalmente se inyecta, se inhala o aspira, o se fuma. Típicamente el adicto se puede inyectar hasta cuatro veces al día. La inyección intravenosa proporciona la mayor intensidad y causa la oleada de euforia más rápida (de 7 a 8 segundos), mientras que la inyección intramuscular produce un inicio relativamente lento de la euforia (de 5 a 8 minutos). Cuando la heroína se inhala o se fuma, generalmente se sienten sus efectos máximos después de unos 10 a 15 minutos.Poco después de inyectársela (o inhalarla), la heroína cruza la barrera de la sangre al cerebro. En el cerebro, la heroína se convierte en morfina y rápidamente se adhiere a los receptores de opioides. Las personas que abusan de la heroína típicamente informan que sienten una oleada de sensaciones agradables, conocida comúnmente como "rush". La intensidad del "rush" depende de la cantidad de la droga que se ha tomado y la rapidez con que la droga entra al cerebro y se adhiere a los receptores naturales de opioides. La heroína es particularmente adictiva porque entra al cerebro rápidamente. Con la heroína, el "rush" generalmente va acompañado por un acaloramiento de la piel, sequedad de la boca y una sensación de pesadez en las extremidades a veces seguido por náusea, vómito y una picazón severa.
Clasificación: narcótico.
Ley General de Salud: grupo I.
Nombre comercial y otros:
Diacetilmorfina, H, agua de chango, chiva, agüita.
Uso médico: ninguno.
Efecto: analgésico y antitusígeno.
Lo que asusta no es tanto la cantidad de adictos que hay en este momento sino los riesgos asociados a un narcótico que por años se consideró de exportación y que hoy, según informes oficiales del Ministerio de la Protección y la Dirección Nacional de Estupefacientes, amenaza desbordar todos los sistemas de prevención. En el 2008, al menos 40 muertes por intoxicación fueron por heroína.
"Cada vez se registran más casos de sobredosis en hospitales del Valle, Antioquia, Norte de Santander, el Eje Cafetero y Bogotá", señala un informe de la DNE conocido por EL TIEMPO.
En una sola noche de esta semana, el hospital San José de Bogotá tuvo que atender dos casos. Una de las víctimas, de 24 años, fue hallada inconsciente en el parque de Lourdes, en Chapinero, con un paro cardiorrespiratorio.
De todo el país llegan alarmas similares. Carisma, un centro especializado de desintoxicación de Medellín, atendió en el 2003 a dos heroinómanos; en el 2007 fueron 26 y en el 2008, 42. Pero en lo que va de este año ya ha recibido 110 solicitudes de tratamiento; decenas de personas se quedaron en lista de espera.
Los registros del Hospital Mental del Quindío son aún más preocupantes: hace siete años uno de cada 100 pacientes llegaba por problemas con heroína, y en el 2007 ya eran 34 de cada 100.
¿Qué está pasando? Que parte de producción colombiana de esta droga se está quedando en el país -según la ONU- por las dificultades que tienen los narcos para sacar el alcaloide.
Los traficantes -dicen los médicos Augusto Pérez, director de la Fundación Nuevos Rumbos; y Camilo Uribe, miembro de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de la ONU (Jife)- "abren mercado" con dosis baratas o regaladas y ajustan precios cuando saben que ya tienen clientes asegurados.
Se trata de una adicción mucho más compleja que las que el país está acostumbrado a enfrentar. Según los datos manejados por la Dirección de Estupefacientes, uno de cada tres adictos a la heroína comete delitos para pagar su vicio. Y nueve de cada diez que intentan dejarla, reinciden.

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